Detrás de las cámaras de ‘El amor no es lo que era’

Qué bonito es el cine. Cuántas películas se hacen al año. Las carteleras siempre están inundadas y, si no, existen multitud de canales especializados que nos las enseñan día a día, a todas horas. Tantas películas que quizás la gente pierde la perspectiva o noción original de cuánto cuesta hacer un film. El siguiente artículo pretende pues recordar, o informar a los más despistados, de algunos de los entresijos de un rodaje cinematográfico. Lo vamos a hacer de la forma más práctica posible, y es que nos hemos trasladado al propio set de la película ‘El amor no es lo que era’, un largometraje rodado plenamente en Valencia en el mes de noviembre y dirigido por el primerizo Gabi Ochoa.

‘Maq y pelu’, así denominaba el equipo al cuarto o localización concreta donde los profesionales de vestuario, maquillaje y peluquería preparaban a los actores. Cada día era un nuevo lugar por lo que cada vez espejos, tablones, caballetes, cajas, ropa… se movían y montaban de un lado a otro en el menor tiempo posible. Además de todo ello, Caterina Muñoz, segunda ayudante de dirección, incidió en la idea de que este lugar debe ser la zona de reposo de los actores, y en donde pudieran descansar o ensayar el guión.

El famoso monitor a través del cual el director observa lo que ocurre en el plano es el denominado ‘combo’. Se trata de una mesita con todo el cableado adecuado y dos monitores. Uno grande desde el cual poder ver la escena en el mayor tamaño posible para lograr una mejor afinación de imagen y, por otro lado, uno más pequeño y fácil de manejar para situaciones más ‘incómodas’. El aparato de sonido y su técnico también se sitúan al lado de esta mesita. En el ‘combo’ siempre hay cuatro personas claras: el director, el script, el técnico de sonido y un ayudante de dirección que transmita por walky talkie todo lo que el director diga o haga.

El campamento era el lugar donde se guarda todo el material técnico. Por lo general, solía estar cerca del combo por aprovechamiento de espacio. En él encontramos material de cámara, de eléctricos, sillas para actores, pértigas de sonido, etc. La jefa de producción, Mónica Olivares, nos dijo que ella era la responsable de que todo estuviera en su lugar, de que todo estuviera constantemente vigilado y de que nunca faltara agua o algún snack para el director o su equipo.

No comparemos la cámara cinematográfica con otra cualquiera, y es que ésta tiene infinitas posibilidades y formas de captar la imagen.

Esos preciosos planos que vemos desde lo alto, en vista cenital, no son obra de la casualidad. Para ellos, hay que contratar a un grupo especialista en grúas de cine. Se trata de un aparato que puede alcanzar la suficiente altura como para lograr mostrarnos un plano visto desde arriba. Como podéis comprobar en el vídeo el mecanismo es bastante aparatoso, por lo que hay que llevar mucho cuidado a la hora de manejarlo.

Lo que para nosotros en la pantalla es un simple movimiento horizontal en la imagen, realmente son horas y horas previas de trabajo. El equipo técnico monta, lo que se denomina por su jerga, el ‘travelling’, que traducido al español significaría ‘desplazamiento’. Se trata de unas vías sobre las que se apoyará un pequeño vagón que transportará la cámara a fin de asegurar la máxima suavidad de movimiento, especialmente en suelos irregulares.

Una simple luz de farola no es suficiente para iluminar la escena. No obstante, el equipo de eléctricos montaba una luz paralela con la suficiente potencia como para ver las caras de los actores en la noche. Asimismo, lo que parece que es un sol resplandeciente entrando por el ventanal de la casa no es otra cosa que un gran foco. Incluso los días de lluvia no eran motivo para no tener una bonita luz de interior.

La película en cuestión saldrá en otoño de 2013 y, de momento, sólo podemos contentarnos con la página de Facebook de ‘El amor no es lo que era’. Y ver, como estos ejemplos, muchos otros que revelan la dificultad del séptimo arte. Estando en el rodaje mucha gente se acercaba no para preguntar cómo se llamaba la película, sino para decir cuánto cuesta hacer un minuto de vídeo. Y si se hace bien, eso es lo más reconfortante.

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