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Diario de un Meritorio

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El equipo de ‘El Amor no es lo que era’.

Según Jaime Barroso, Profesor Titular de Universidad de Teoría y Técnica de la Realización Televisiva de la Universidad Complutense de Madrid, en el terreno del rodaje cinematográfico, un meritorio se encuentra disponible a las órdenes de los ayudantes para desempeñar cualquier tipo de tarea. Es casi un recadero. Se encarga de reservar espacios para el equipo, cortar tráfico, hacer silencio entro los mirones y controlar la figuración cuando no rueda. Es una persona para “todo”.

Pues qué poco se equivoca Barroso y lo dice un servidor que ha vivido en carnes la dificultad de esta tarea. Así pues, uno de nosotros, concretamente yo, Adrián, he estado haciendo prácticas en un rodaje de cine profesional. La película en cuestión fue ‘El Amor no es lo que era‘, un largometraje producido por ‘Tv On‘ y ‘Tarannà Films‘, dirigido por el valenciano, y primerizo, Gabi Ochoa y protagonizado por Alberto San Juan, Blanca Romero, Nicolás Coronado, Aida Folch, Carlos Álvarez Novoa y Petra Martínez. Por lo tanto, este post pretende contaros la experiencia en primera persona de un día en un terreno tan maravilloso como es la producción de una obra del séptimo arte.

Cuando no tienes ni idea de cómo se funciona todo parece un caos. Está claro que la teoría es algo inevitable e imprescindible de saber, pero más aún la práctica. Hasta este momento, yo era un simple alumno de 5º de Comunicación Audiovisual. Supuestamente, poco más me quedaba aprender pero estaba muy equivocado. “El rodaje no es un trabajo, es una forma de vida” dijo Jose Manuel Sospedra, jefe del departamento de sonido. Y cuánta razón tiene.

Todos los meritorios juanta a Blanca Romero y Alberto San Juan.

Todos los meritorios juanto a Blanca Romero y Alberto San Juan.

Para empezar, los despertares son muy difíciles y es que, cada día significa un horario diferente cuando contamos con las horas justas de luz. Esa luz, necesaria para los planos en exteriores, determina el plan de rodaje. Pero también todo lo contrario, el no requerir luz era también algo imprescindible a tener en cuenta. Por norma general, después de recogernos con la furgoneta de producción que nos destinaron, nos asegurábamos de que todos los aparcamientos, que se habían solicitado previamente, estaban completamente libres de coches ajenos al equipo. En caso de que hubieran, intentábamos buscar al propietario o, en el peor de los casos, no tener otro remedio que llamar a la grúa. Cuántas multas habrán puesto por nuestra culpa…

Tras colocar y tener controladas todas las furgonetas, camiones, coches, grupos, etc., lo siguiente era preparar la zona comúnmente llamada “maq y pelu”. Era ese lugar en el que montábamos todos los espejos de maquillaje y peluquería, colocábamos moquetas y biombos para las chicas de vestuario y la mesa de la segunda ayudante de dirección, desde la cual hacía todo su trabajo, entre otras cosas, las órdenes del día. Era un proceso costoso y muy pesado ya que eran muchas las cajas, tablones y espejos que teníamos que transportar. Sin embargo, a la semana ya estábamos más que acostumbrados. Eso no quita que cuando no habían desplazamientos de lugar en el mismo día no saltáramos de alegría.

Mientras unos montaban “maq y pelu”, otro se encargaba de poner el llamado “catering”, dos caballetes y un tablón sobre el que apoyar el desayuno del equipo. El café debía estar preparado y la bollería recogida de un horno espectacular de Ángel Guimerá. Madre mía cómo nos hemos puesto a chocolate. Por supuesto, siempre debía de haber agua y vasos en el set de rodaje. Por si alguien del equipo necesitaba.

El equipo de Producción al completo.

El equipo de Producción al completo.

Como la mayoría de los días rodamos en la calle, o cerca de ella, tarea de los meritorios era que gente o coches ajenos al rodaje no aparecieran en plano. En el mismo hilo, era imprescindible pedir silencio antes de cada toma. Cuánto ha costado que toda la gente de un hospital o viandantes de la calle no hablaran cuando íbamos a rodar. También hubo algún que otro despiste. En mi caso, pasé mucha vergüenza cuando me sonó el móvil y se tuvo que cortar la toma.

Además de esto, que no era difícil, los días que había figuración la cosa se complicaba mucho más. Teníamos que estar pendientes de que todo el mundo que asistía al rodaje firmara la correspondiente cesión de derechos de imagen antes de poder salir a escena. Además, en varias ocasiones, nos tocaba organizarla y distribuirla de tal forma que quedara perfecta en el encuadre. Sin llamar demasiado la atención y cubriendo huecos vacíos en el plano. Los días que se nos juntaban más de 40 señoras mayores era todo un infierno.

Al finalizar el día, había que recoger “maq y pelu” y volverlo a cargar a nuestra furgoneta. Durante ese rato, el equipo de dirección nos repartía las órdenes del día siguiente. Un par de hojas donde ponía las “instrucciones” del día siguiente: lugar, horas, comidas, etc.

El director, Gabi Ochoa, dando instrucciones a Aida Folch, actriz protagonista.

El director, Gabi Ochoa, dando instrucciones a Aida Folch, actriz protagonista.

En ocasiones, al terminar todo el día, faena nuestra era ir a la localización del día siguiente a ver cómo estaban puestas las vallas o el poco caso que les habían hecho los coches. De esa forma, podíamos tener una previsión de cómo había que actuar el día posterior. Todo ello nos lo comunicaba Mónica, nuestra jefa de producción, a través de un chat de grupo que teníamos en ‘whasapp’.

Esto ha sido un pequeño resumen de mi vivencia, me encantaría contaros muchas cosas más pero no quiero extenderme. Sin duda, Noviembre fue un mes duro, lleno de trabajo y cansado. No obstante, nada quita la ilusión que hemos tenido en nuestra tarea, las grandes charlas con los actores y profesionales, las risas entre toma y toma o los buenos momentos en las comidas. Ha sido una experiencia increíble. Sin embargo, de esto no me quedo con todo lo que he aprendido o cómo lo he vivido, sino con la sensación de que el haber apostado por el cine es algo de lo que nunca voy a estar arrepentido.

Fotos / Tarannà Films

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Detrás de las cámaras de ‘El amor no es lo que era’

Qué bonito es el cine. Cuántas películas se hacen al año. Las carteleras siempre están inundadas y, si no, existen multitud de canales especializados que nos las enseñan día a día, a todas horas. Tantas películas que quizás la gente pierde la perspectiva o noción original de cuánto cuesta hacer un film. El siguiente artículo pretende pues recordar, o informar a los más despistados, de algunos de los entresijos de un rodaje cinematográfico. Lo vamos a hacer de la forma más práctica posible, y es que nos hemos trasladado al propio set de la película ‘El amor no es lo que era’, un largometraje rodado plenamente en Valencia en el mes de noviembre y dirigido por el primerizo Gabi Ochoa.

‘Maq y pelu’, así denominaba el equipo al cuarto o localización concreta donde los profesionales de vestuario, maquillaje y peluquería preparaban a los actores. Cada día era un nuevo lugar por lo que cada vez espejos, tablones, caballetes, cajas, ropa… se movían y montaban de un lado a otro en el menor tiempo posible. Además de todo ello, Caterina Muñoz, segunda ayudante de dirección, incidió en la idea de que este lugar debe ser la zona de reposo de los actores, y en donde pudieran descansar o ensayar el guión.

El famoso monitor a través del cual el director observa lo que ocurre en el plano es el denominado ‘combo’. Se trata de una mesita con todo el cableado adecuado y dos monitores. Uno grande desde el cual poder ver la escena en el mayor tamaño posible para lograr una mejor afinación de imagen y, por otro lado, uno más pequeño y fácil de manejar para situaciones más ‘incómodas’. El aparato de sonido y su técnico también se sitúan al lado de esta mesita. En el ‘combo’ siempre hay cuatro personas claras: el director, el script, el técnico de sonido y un ayudante de dirección que transmita por walky talkie todo lo que el director diga o haga.

El campamento era el lugar donde se guarda todo el material técnico. Por lo general, solía estar cerca del combo por aprovechamiento de espacio. En él encontramos material de cámara, de eléctricos, sillas para actores, pértigas de sonido, etc. La jefa de producción, Mónica Olivares, nos dijo que ella era la responsable de que todo estuviera en su lugar, de que todo estuviera constantemente vigilado y de que nunca faltara agua o algún snack para el director o su equipo.

No comparemos la cámara cinematográfica con otra cualquiera, y es que ésta tiene infinitas posibilidades y formas de captar la imagen.

Esos preciosos planos que vemos desde lo alto, en vista cenital, no son obra de la casualidad. Para ellos, hay que contratar a un grupo especialista en grúas de cine. Se trata de un aparato que puede alcanzar la suficiente altura como para lograr mostrarnos un plano visto desde arriba. Como podéis comprobar en el vídeo el mecanismo es bastante aparatoso, por lo que hay que llevar mucho cuidado a la hora de manejarlo.

Lo que para nosotros en la pantalla es un simple movimiento horizontal en la imagen, realmente son horas y horas previas de trabajo. El equipo técnico monta, lo que se denomina por su jerga, el ‘travelling’, que traducido al español significaría ‘desplazamiento’. Se trata de unas vías sobre las que se apoyará un pequeño vagón que transportará la cámara a fin de asegurar la máxima suavidad de movimiento, especialmente en suelos irregulares.

Una simple luz de farola no es suficiente para iluminar la escena. No obstante, el equipo de eléctricos montaba una luz paralela con la suficiente potencia como para ver las caras de los actores en la noche. Asimismo, lo que parece que es un sol resplandeciente entrando por el ventanal de la casa no es otra cosa que un gran foco. Incluso los días de lluvia no eran motivo para no tener una bonita luz de interior.

La película en cuestión saldrá en otoño de 2013 y, de momento, sólo podemos contentarnos con la página de Facebook de ‘El amor no es lo que era’. Y ver, como estos ejemplos, muchos otros que revelan la dificultad del séptimo arte. Estando en el rodaje mucha gente se acercaba no para preguntar cómo se llamaba la película, sino para decir cuánto cuesta hacer un minuto de vídeo. Y si se hace bien, eso es lo más reconfortante.

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